Me resistía a hacer otra entrada sobre literatura, pero la realidad se impone a los deseos y aquí estoy con motivo del estreno hace pocos días de la enésima adaptación cinematrográfica de la novela Cumbres Borrascosas.

Siempre un buen regalo

Lo que me interesa esta vez es romper algunos mitos en torno al libro. Como ahora la novela está de moda, no he parado de encontrarme en redes sociales con comentarios y críticas literarias de personas se ve que muy expertas en la materia porque tienen un máster sobre las Brontë... Lo que más me mosquea es que todas lanzan las mismas afirmaciones, casi palabra por palabra, con una rotundidad que no deja ni espacio a la duda. 

Yo, en cambio, sí planteo algunas dudas, y ojalá este pequeño comentario sirva para que leáis Cumbres Borrascosas y paséis de lo que diga el resto. 

Primer mito: No hay ni un solo personaje bueno en toda la historia

Esta puede que sea la opinión más cercana a la realidad, pero tampoco es cierto. Claro, si buscamos ángeles en vez de personas no vamos a encontrar a nadie que cumpla las altas expectativas morales que de repente todo el mundo tiene. 

El señor Lockwood, un lector más; la señora Dean, de buen corazón; Edgar Linton, a su manera el más resiliente; la impetuosa Cathy o el salvaje Hareton son personajes positivos a pesar de sus errores, algunos incluso graves. En mi opinión, si algo caracteriza a la novela es el retrato de las pasiones humanas, la formidable precisión para mostrar la naturelaza de las personas, no siempre puras ni perfectas, pero no por ello malas ni indignas de ser perdonadas.

Segundo mito: ¡Cómo! ¿Un Heathcliff blanco

Me parece hasta vergonzoso que se esté centrando el debate en la raza del protagonista. Ronda la opinión por ahí, entre esos expertos y opinadores muy comprometidos con la diversidad y desde luego muy sabios, de que Heathhcliff es un personaje de los que ahora llaman racializados. 

Heathcliff, una creación literariamente enorme, está rodeado de enigmas. Aparece como un niño de padres desconocidos (y de esto habría mucho que hablar…) de  cabello y ojos negros y con aspecto de gitano por su piel morena. Siendo sinceros, esta descripción podría corresponderse con cualquier individuo menos blanco de piel que la media inglesa, y más para una señorita de Yorkshire en 1847; porque hay que tener en cuenta el contexto de la autora y de la obra. El término gipsy se utiliza contra él como insulto y como forma de degradarlo, al igual que se usa vagabundo. Sin embargo, no se puede entender esto como una confirmación indiscutible de que el personaje sea un hombre de otra raza o etnia diferente a la blanca, que blancos hay de muchos tipos. Nelly incluso negará la mayor cuando le diga a Heathcliff algo parecido a aunque fueras negro de verdad.

Así que no, no creo que Cumbres Borrascosas vaya de racismo. De hecho, una vez son adultos nunca se hace una referencia al origen racial de Heathcliff, ni siquiera como impedimento para casarse con él, ascender socialmente o atacarle. Esta interpretación de la novela en clave racial es muy reciente, además de conveniente a la ideología de este siglo.

Tercer mito: No es amor, es obsesión y toxicidad

Cumbres Borrascosas no es solo una historia de amor, de acuerdo, pero sí hay en ella amor, y en muy distintas formas. Por lo habitual, la crítica siempre va dirigida a la relación de Catherine y Heathcliff, porque además estoy absolutamente segura de que muchos de los que hablan de la novela no la han leído y de ahí que no sepan que hay otras relaciones en Cumbres Borrascosas, algunas con rasgos tóxicos severos reales; por ejemplo, la de Isabella.

Esos críticos tan inteligentes califican el amor que tienen Catherine y Heathcliff como autodestructivo… cuando a ellos, de hecho, los salva y les ayuda a sobrevivir desde la infancia. Es un amor que los sostiene y los empuja hacia delante en un medio hostil, degradante y abusivo. Pero el abuso no es entre ellos, sino externo, y ambos se protegen mutuamente. Si no entendemos el porqué de ese amor y las circunstancias en las que se origina no entenderemos nada. 

Creo con sinceridad que negarle a Heathcliff la pureza de su pasión amorosa que dura toda una vida (¿existe algo más romántico que eso?) es una ofensa al personaje y a la obra. No es un amor color de rosa, no es un amor ni siquiera feliz, quizá porque tampoco tuvo la oportunidad de desarrollarse, pero sí es bello, sincero, intenso y dolorosamente imposible. Afirmar con jactancia y una fría aureola de santos que lo que sienten los personajes no es amor resulta un insulto a las emociones humanas. 

Nadie podrá convencerme jamás de que un libro donde se leen declaraciones como esta no es de un profundo y eterno romanticismo:

My love for Heathcliff resembles the eternal rocks beneath: a source of little visible delight, but necessary. Nelly, I AM Heathcliff! He's always, always in my mind: not as a pleasure, any more than I am always a pleasure to myself, but as my own being.

Que lo superen si pueden. 


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