De Alien se podrían decir muchas cosas, pero yo simplemente vengo aquí a hablar por hablar, creedme.

Hace poco he podido ver el último acercamiento a esta criatura con Alien: Romulus y, claro, es imposible, porque el director encima se empeña en ello, no hacer comparaciones, las tan odiosas pero al mismo tiempo necesarias comparaciones que en el fondo nos sirven para que recordemos las grandes obras.  


El spoiler que se han marcado...

Aseguran que Fede Álvarez ha querido homenajear a toda la saga, lo que podría ser un acierto si no fuera porque parecemos olvidarnos de que Alien acabó en la segunda película. Lo que vino después fue un puro aburrimiento, una destrucción alevosa y desconsiderada del mito que creó Scott y afianzó Cameron. Así que ¿para qué vas a reivindicar lo que no debería haber existido? 

Alien: Romulus no vuelve a los inicios, sino que se impulsa en ellos para aparentar. Aparenta terror clásico porque emplea efectos no digitales, que están bien pero no lucen debido a un diseño de producción terriblemente oscuro, y además incluye monstruos a granel, recurriendo a la demagogia artística de cuanto más mejor. En Alien, el octavo pasajero solo había un monstruo, solo uno, y generaba el más imborrable impacto. Aliens dejó a un lado el horror casi gótico de la predecesora y optó por la acción dura, la acción visceral de unos marines que se enfrentan a una pesadilla extraterrestre cuyo origen debería haber quedado como un misterio inaccesible para el ser humano. 

Tanto Alien como Aliens cuentan con la precisión que en Romulus desaparece, en parte, estoy segura, porque el cine contemporáneo ha construido sus propias convenciones y estilos y es difícil salirse de ese esquema. Por eso en esta nueva película falta una acción precisa que la haga coherente, unos personajes precisos sin que estorben en la historia, un peligro preciso que no parezca simple relleno o un ambiente preciso que dé vida a la atmósfera adecuada. Esa capacidad de ser nítidos, limpios de excesos, claros en las ideas y objetivos es algo cada vez menos común.

Alien: Romulus nos deja la sensación pesada y sucia de una historia que a fin de cuentas no tiene nada, ni nuevo ni viejo, que contar y cuyo único valor es participar del mito, aunque sin entender, por desgracia, su esencia.  

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